Hallan en Siberia una especie de bovino desconocida, pariente del yak, gracias al ADN antiguo

Universo Actual · 5 min de lectura
Yak salvaje de pelo largo en un paisaje de alta montaña
Foto: travelwayoflife / Wikimedia Commons (CC BY-SA 2.0)

Pequeños fragmentos de hueso hallados en Siberia, imposibles de identificar a simple vista, han revelado una especie de bovino extinta, emparentada con el yak, que vivió en la región durante al menos 200.000 años.

En este artículo

Qué se ha descubierto en Siberia

Un grupo de paleogenetistas ha identificado un linaje de bovino que nadie conocía. Era pariente cercano del yak y vivió en el sur de Siberia durante buena parte del Pleistoceno. No se encontró un esqueleto ni un cráneo: la especie salió a la luz al leer el ADN de pequeños fragmentos de hueso que, a simple vista, no podían atribuirse a ningún animal concreto.

Yak de pelo largo y oscuro sobre una ladera de montaña
Un yak en un paisaje de montaña; el linaje extinto era pariente cercano de estos animales. · Foto: Nadeemmushtaque / Wikimedia Commons (CC BY-SA 3.0)

El equipo lo llama de forma provisional «yak X». Según la nota de la Universidad de Estocolmo difundida por Phys.org, el trabajo reúne 20 genomas antiguos que cubren unos 200.000 años. El más antiguo tiene alrededor de 247.000 años y el más reciente, unos 27.000.

Los restos proceden de la cueva de Denisova y de otros yacimientos de los montes Altái-Sayán, una región montañosa en la frontera entre Rusia, Mongolia, China y Kazajistán.

Quién firma el estudio

La investigación se publica en la revista Current Biology con el título «Ancient genomes reveal an extinct bovine species from mid-latitude Asia». La dirige el Centro de Paleogenética, que comparten la Universidad de Estocolmo y el Museo Sueco de Historia Natural, con participación de la Universidad de California en Santa Cruz y la Universidad de Viena.

El autor sénior es Love Dalén, catedrático de genómica evolutiva. Para él es un hallazgo notable porque se ha descrito una especie grande y extinta a partir de huesos pequeños que no permiten identificarla por su forma. Los primeros autores son el doctorando Alexandre Gilardet y el investigador posdoctoral Jonas Oppenheimer.

Cómo se encuentra una especie solo con ADN

La cueva de Denisova guarda más de 250.000 fragmentos de hueso, y cerca del 95 % son demasiado pequeños para saber de qué animal son, según IFLScience. La forma no sirve, pero el ADN sí. Al secuenciarlo y compararlo con el de bovinos actuales y extintos, los investigadores vieron que varias piezas no encajaban con el yak moderno, el bisonte estepario ni el uro.

Es el mismo método que reveló en 2010, en esa misma cueva, la existencia de los denisovanos, un grupo humano identificado a partir de un único fósil.

Oppenheimer subraya que una serie de datos que abarca tanto tiempo es muy rara en ADN antiguo. Gracias a ella se puede seguir la historia de la población casi como una película.

RELACIONADO |  Por qué los buitres son clave para la naturaleza y nuestra salud

Por qué importa para entender a los yaks

Según Popular Science, el linaje empezó a separarse de los yaks actuales hace unos 400.000 años, en un periodo especialmente cálido. Hacia hace 250.000 años ya eran dos linajes distintos. Los autores lo comparan con la separación entre el oso pardo y el oso polar.

Valle verde rodeado de montañas nevadas en la región del Altái
Los montes Altái, en el sur de Siberia, donde vivió el linaje extinto. · Foto: Mikhail Koninin from Novosibirsk, Russia / Wikimedia Commons (CC BY 2.0)

Durante el último periodo interglacial, hace unos 120.000 años, la población sufrió un reemplazo y perdió diversidad genética. Oppenheimer lo interpreta como un ejemplo de lo que el calentamiento del clima puede hacer a una especie adaptada al frío. El cruce con el bisonte estepario o el uro fue prácticamente nulo.

El contexto actual ayuda a medirlo. Hoy los yaks salvajes viven solo en las zonas altas de la meseta tibetana. El yak salvaje (Bos mutus) figura como especie Vulnerable y quedan menos de 15.000 ejemplares en libertad, entre 4.000 y 6.100 metros de altitud, según el grupo de especialistas en bovinos salvajes asiáticos. En cambio, hay hasta 13 millones de yaks domésticos. Para Dalén, el Altái pudo funcionar como un punto caliente de biodiversidad y un refugio durante las glaciaciones.

Qué no se sabe todavía

Quedan preguntas abiertas. La especie no tiene aún un nombre científico formal: el equipo quiere compararla con restos de aspecto de yak descritos hace tiempo, por si ya tenían nombre, según Ecoticias. Tampoco se sabe cuándo ni por qué se extinguió; el genoma más reciente marca solo que seguía viva hace unos 27.000 años.

Su aspecto también es una suposición. Dalén cree razonable pensar que se parecía al yak del Himalaya, pero no hay restos completos que lo confirmen. Oppenheimer considera posible que denisovanos y neandertales lo cazaran, aunque no existen pruebas directas.

El «yak X» demuestra que los fragmentos de hueso que nadie sabía clasificar todavía pueden revelar especies desconocidas. Su nombre definitivo, su aspecto y la causa de su desaparición son ahora las preguntas pendientes.

Fuentes consultadas (5)