
Tres crías en el Zoológico La Aurora y cinco más en el valle del Motagua: Guatemala ha conseguido reproducir al lagarto escorpión, un reptil venenoso del que quedan unos 500 ejemplares en libertad y cuyo linaje se remonta a la época de los dinosaurios.
En este artículo
¿Qué ha nacido y dónde?
El protagonista es Heloderma charlesbogerti, un lagarto venenoso que solo existe en Guatemala y que la gente llama lagarto escorpión o «niño dormido». En 2026 nacieron tres crías en el Parque Zoológico Nacional La Aurora, en la Ciudad de Guatemala. Es el segundo año seguido que lo logran: en 2025 el zoológico consiguió el primer nacimiento documentado de la especie en un programa de conservación fuera de su hábitat, tanto en Guatemala como fuera de Estados Unidos.
No fue el único éxito del año. En mayo, la Fundación para las Especies Amenazadas de Guatemala (Fundesgua) anunció cinco crías nacidas dentro del propio bosque seco del valle del Motagua, tras cinco años de investigación y ajustes. Y en Estados Unidos, el Zoo de Atlanta sumó otras dos.
Que los nacimientos se repitan es lo relevante. Un éxito aislado puede ser suerte; dos temporadas seguidas indican que el método funciona y que se puede ampliar.
Un linaje que vio pasar a los tiranosaurios
La cifra de los 100 millones de años no se refiere a esta especie en concreto, sino a su familia. Los helodermátidos son los últimos supervivientes de un grupo de lagartos llamado Monstersauria, que convivió con los dinosaurios en el Cretácico. Según Reptiles Magazine, hay fósiles que los sitúan en Norteamérica junto a los tiranosaurios hace unos 98 millones de años.

Hoy el grupo se reduce a unos pocos parientes: el monstruo de Gila y cuatro especies de lagarto enchaquirado, una de ellas la guatemalteca. Ambas ramas se separaron hace unos 35 millones de años. Son animales lentos y ahorradores: tienen de los metabolismos en reposo más bajos entre los lagartos y pueden pasar un año con solo tres o cuatro comidas grandes, sobre todo huevos de aves y de otros reptiles.
Su hogar es el bosque seco y el monte espinoso del valle del Motagua, una de las regiones más secas de Centroamérica, con una población residual en las faldas del volcán de Pacaya.
¿Por qué importan unas pocas crías?
Porque quedan muy pocos. Se estima que en libertad sobreviven unos 500 ejemplares, y Rowland Griffin, jefe de conservación de La Aurora, calcula entre 500 y 700 adultos. La Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) clasifica la especie como En Peligro, y la protección comercial que le da el convenio CITES se reforzó en 2007.
Las amenazas se suman: pérdida y fragmentación del bosque seco, tráfico ilegal para el comercio de mascotas, cambio climático y poca diversidad genética. A eso se añade su propia biología. Una hembra tarda entre 6 y 7 años en madurar y la tasa de reproducción natural es baja, así que cada cría cuenta. Para entender el problema del comercio de fauna, sirve el caso mexicano: qué dice la ley sobre la venta de animales exóticos.
Hay además un motivo menos conocido para protegerlos. Del veneno de su pariente, el monstruo de Gila, se aisló a mediados de los años 80 un péptido, la exendina-4, del que se derivó Byetta, un medicamento para la diabetes. Perder un linaje así es perder también un archivo químico que aún se estudia.
Cómo se consigue que nazca un lagarto escorpión
El programa de La Aurora empezó en 2019 y parte de sus animales fueron rescatados del tráfico ilegal. El objetivo es formar una población de respaldo con suficiente variedad genética. El trabajo incluye observar el comportamiento, seguir el desarrollo de los folículos de las hembras, manejar la puesta e incubar los huevos de forma artificial durante unos seis meses, entre 26,7 y 27,7 grados. Las incubadoras se vigilan con cámaras remotas.
Según Griffin, cada nacimiento aporta datos que antes no existían: cuánto miden y pesan las crías, cómo crecen y qué funciona en el manejo reproductivo.
Fundesgua siguió otro camino. Thomas Schrei, su director de campo, explica que trabajar dentro del propio bosque seco fue lo que marcó la diferencia: el clima del lugar ofrece a los animales los cambios de temperatura, humedad y estaciones que necesitan para reproducirse. En el área protegida donde opera la fundación se conocen unos 60 ejemplares silvestres.
Qué viene ahora: volver al bosque
Las crías no se quedarán para siempre en un terrario. En La Aurora las preparan para su liberación: según Griffin, las acostumbran a alimentarse por su cuenta y a trepar. Antes de soltarlas del todo pasan por recintos grandes dentro de su hábitat natural, y después los científicos siguen su evolución.
Para Griffin, el nacimiento de crías en años consecutivos «evidencia la consolidación técnica y científica del programa». Dicho de otro modo: Guatemala ya no depende solo de zoológicos extranjeros para criar a una especie que es exclusivamente suya.
En el programa participan el Consejo Nacional de Áreas Protegidas (CONAP), la Universidad del Valle de Guatemala, la Reserva Natural Heloderma y el Zoo de Atlanta, lo que permite compartir animales y conocimientos para mantener sana la población de reserva.
Las próximas temporadas dirán si estas crías logran sobrevivir en el bosque seco del Motagua. Mientras tanto, la forma más directa de ayudar está al alcance de cualquiera: no comprar reptiles de origen dudoso y denunciar la venta ilegal de fauna ante las autoridades ambientales de cada país.
Fuentes consultadas: Prensa Libre – Nuevos integrantes en el Zoológico La Aurora · Prensa Libre – Histórico nacimiento de una especie más amenazada del planeta · Prensa Libre – Cinco crías en el valle del Motagua (Fundesgua) · Arab News (Reuters) – Guatemalan zoo breeds rare lizards · NTN24 – Nacen en Guatemala tres crías · La Hora · Reptiles Magazine – The Helodermas




