
Google lanzó el 1 de octubre de 2026 un satélite con cuatro chips de inteligencia artificial para probar si algún día podrá instalar centros de datos en órbita. La idea es aprovechar una energía solar casi constante, pero antes debe resolver cómo enfriar los equipos, protegerlos de la radiación y abaratar los lanzamientos.
En este artículo
La respuesta corta: la IA necesita cada vez más energía
Los centros de datos, los edificios llenos de servidores donde funcionan los servicios digitales y la inteligencia artificial, consumen cada vez más electricidad. Según la Agencia Internacional de la Energía, usaron unos 415 teravatios hora en 2024, cerca del 1,5 % de la electricidad mundial. Para 2030 calcula que llegarán a unos 945, algo más que todo lo que consume hoy Japón, y señala a la IA como el principal motor de ese crecimiento.

Ahí entra el Proyecto Suncatcher de Google. Su punto de partida es que en el espacio el Sol brilla casi sin pausa. En la órbita adecuada, según Google, un panel solar puede producir hasta ocho veces más energía que en la Tierra, sin noches largas ni nubes y sin necesidad de grandes baterías.
La pregunta que quiere responder el satélite lanzado ahora es si los chips de IA pueden trabajar ahí arriba.
Cómo funciona el satélite que acaba de despegar
El prototipo, llamado MVP, despegó el 1 de octubre en un cohete Falcon 9 desde la base de Vandenberg, en California, dentro de la misión compartida Transporter-18 de SpaceX, que llevaba 130 cargas. Lo construyó Google junto con la empresa de satélites Planet, y el equipo ya confirmó que hay contacto y que funciona como se esperaba. Si quieren repasar lo básico, aquí explicamos cómo funcionan los satélites artificiales.

Dentro lleva cuatro TPU, los chips que Google diseña para inteligencia artificial, con una capacidad parecida a la de un solo servidor de centro de datos. Sus paneles le dan 1 kilovatio de potencia.
Su trabajo es reunir datos sobre algo que no se puede simular del todo en un laboratorio: cómo soportan los chips el lanzamiento, con aceleraciones de hasta 10 G, la radiación y los cambios extremos de temperatura de la órbita baja. «Algunas cosas solo se pueden probar en el espacio», resumió Travis Beals, director sénior del área de Google que lidera el proyecto.
El plan a largo plazo: una constelación de satélites que trabajan juntos
El satélite actual es solo la primera pieza. En un estudio publicado en 2025, Google describió cómo podría ser el sistema completo: unos 81 satélites volando a 650 kilómetros de altura, agrupados en un círculo de un kilómetro de radio y separados entre sí entre 100 y 200 metros.
Irían en una órbita llamada sincrónica al Sol «del amanecer al anochecer», donde recibirían luz casi todo el tiempo. Para trabajar como un único centro de datos, los satélites se comunicarían con láseres. En laboratorio, Google logró enlaces de 800 gigabits por segundo en cada sentido con un solo par de equipos. La prueba de comunicación láser entre dos satélites está prevista para 2027.
La radiación, uno de los grandes miedos, dio una sorpresa. En ensayos con un haz de protones, los chips resistieron hasta 15 krad sin fallos permanentes, muy por encima de los 750 rad que recibirían en cinco años con protección. La memoria mostró irregularidades a partir de 2 krad, aún por encima de esa dosis.
Los retos: el calor, el costo y las reparaciones
Hay un error frecuente: pensar que el espacio es un gran refrigerador gratuito. En la Tierra, los servidores se enfrían con aire o agua. En el vacío no hay aire, así que el calor solo puede salir como radiación infrarroja, un proceso lento. Según los ingenieros Sven Bilén y Wangda Zuo, de la Universidad Estatal de Pensilvania, evacuar 10 megavatios de calor puede exigir radiadores del tamaño de dos campos de fútbol. Google usa tubos de calor y radiadores, y reconoce la gestión térmica como un reto pendiente.
El costo es la otra barrera. Google calcula que el sistema solo sería comparable a un centro de datos en tierra si poner un kilo en órbita costara menos de 200 dólares hacia mediados de la década de 2030.
Los expertos de Pensilvania añaden más problemas: en tierra los equipos se renuevan cada tres a cinco años, pero en órbita repararlos o cambiarlos es carísimo; la latencia (el retraso de la señal) no sirve para servicios que necesitan respuesta inmediata, y la basura espacial supone un riesgo de choques. Google también cita como pendientes las comunicaciones con tierra y la fiabilidad del sistema.
Durante los próximos meses, el satélite MVP enviará datos sobre cómo se comportan los chips en órbita, y en 2027 llegará la prueba de comunicación láser entre dos satélites. Hasta que los lanzamientos se abaraten y el problema del calor tenga solución, los centros de datos seguirán en tierra, y su consumo eléctrico, en aumento.



