¿Por qué los planetas se llaman así y a quién deben su nombre?

Los planetas del Sistema Solar llevan consigo una carga de historia milenaria. Sus nombres, resonando con grandeza y mitología, fueron heredados de los dioses griegos que una vez reinaron en el Monte Olimpo. Desde Júpiter hasta Venus, cada planeta lleva el peso de una divinidad ancestral. Pero te preguntarás, ¿por qué los planetas se llaman así? la respuesta es un viaje a través del tiempo y el espacio para descubrir los misterios detrás de la nomenclatura planetaria.

La denominación de los planetas se remonta a la antigüedad y a la influencia de la mitología grecolatina en la cultura occidental. Los astrónomos de la antigüedad, como los griegos y los romanos, asignaron nombres de sus dioses a los objetos en el cielo nocturno debido a la influencia cultural de esas deidades en sus vidas cotidianas. Por ejemplo, Júpiter lleva el nombre del dios supremo del Olimpo, mientras que Venus toma el suyo de la diosa del amor y la belleza. Este sistema de nomenclatura planetaria trasciende siglos y continúa siendo parte integral de nuestra comprensión y conexión con el universo.

El papel de los dioses griegos

Hace milenios, los dioses griegos eran figuras omnipotentes que controlaban no solo los cielos, sino también la naturaleza y las vidas de los mortales. Zeus, el rey de los dioses, Cronos, el señor del tiempo, Hermes, el mensajero divino, Poseidón, el dueño de los océanos, y muchos más conforman un panteón celestial que fascinaba a la antigua Grecia. Estas deidades, con sus atributos únicos, se convirtieron en la base de la mitología griega.

Transformación de los dioses

Con el surgimiento del Imperio Romano y sus expansiones militares, los dioses griegos encontraron una nueva identidad. Júpiter, el equivalente romano de Zeus, Saturno, el dios del tiempo, y Mercurio, el mensajero alado, emergieron en el escenario cósmico. Aunque sus nombres cambiaron, los dioses conservan sus atributos y poderes, trascendiendo su papel en el Olimpo hacia las vastedades estelares.

Planeta Terrestre

¿De dónde surgen los nombres de los planetas?

La transición de nombres divinos a entidades astronómicas ocurrió en paralelo con las observaciones meticulosas de griegos y romanos sobre el cielo nocturno. Los planetas, en su movimiento alrededor del Sol, capturaron la atención de estos antiguos observadores. Fue así como los planetas se llaman Júpiter, Saturno, Mercurio, Neptuno, Marte, Venus, y Urano, cada uno fue adoptando el nombre de una deidad y se convirtieron en protagonistas del firmamento.

Categorías celestiales, los terrestres y jovianos

En el Sistema Solar, existen dos categorías principales de planetas: los terrestres y los jovianos, cada uno con su propia esencia y significado. Los planetas terrestres, Mercurio, Venus, Tierra y Marte, evocan la proximidad, la belleza, la vida y la pasión bélica respectivamente, llevando el nombre de figuras mitológicas que dotan a cada uno con su singularidad.

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Por otro lado, los planetas jovianos, Júpiter, Saturno, Urano y Neptuno, destacan por su magnitud y composición gaseosa, rindiendo homenaje a deidades que personifican el poder cósmico y la inmensidad de los mares y el cielo estrellado.

Como se llaman los planetas terrestres

Los planetas terrestres se llaman Mercurio, Venus, Tierra y Marte. Son compactos y rocosos. Cada uno lleva consigo el nombre de una deidad y sus atributos mitológicos.

  • Mercurio: El mensajero divino Hermes, ágil y alado, da nombre al planeta más cercano al Sol.
  • Venus: La diosa de la belleza y el amor, Afrodita, otorga su nombre al resplandeciente Venus.
  • Tierra: Nuestro hogar, habitado por mortales y bendecido con vida, lleva el nombre de la diosa Gea, personificación de la Tierra.
  • Marte: Ares, dios de la guerra, presta su nombre al planeta rojizo, sugiriendo una conexión con la violencia y la pasión bélica.

Como se llaman los planetas jovianos

Los planetas jovianos se llaman Júpiter, Saturno, Urano y Neptuno. Destacan por su gigantesco tamaño y composición gaseosa.

  • Júpiter: El poderoso Zeus, dios supremo del rayo y el universo, comparte su grandeza con el planeta más imponente de nuestro Sistema Solar.
  • Saturno: Cronos, señor del tiempo, cede su nombre a este planeta rodeado de majestuosos anillos.
  • Urano: Aunque no recibe el nombre de un dios, Urano, personificación del cielo estrellado, mantiene una conexión mitológica en su denominación.
  • Neptuno: El dios de los mares, Neptuno, gobierna el lejano planeta azul, evocando la vastedad y misterio de los océanos cósmicos.
Los planetas llevan sus nombres en honor a las deidades Griegas

Observadores del cielo

Tanto griegos como romanos fueron astutos observadores celestiales. Sus incursiones en el estudio del firmamento, motivadas por intereses comerciales y científicos, llevaron a la identificación y nominación de los planetas. En este acto de bautizar cuerpos celestes, se fusionan tradiciones religiosas con la ciencia emergente.

Hoy en día, aunque la tradición religiosa ha cedido terreno a la ciencia, los nombres de los planetas han perdurado como un legado de la antigua mitología. Júpiter sigue siendo el gigante gaseoso, Marte el planeta rojo de la guerra, y Venus la estrella matutina y vespertina. En la vastedad del cosmos, los dioses griegos y romanos continúan su reinado simbólico, ahora inmortalizados en la vastedad del espacio.


A medida que exploramos los confines del espacio, recordamos que cada rincón del cielo nocturno lleva consigo una historia antigua y divina. Los planetas, con sus nombres impregnados de mitología, nos conectan con el pasado y nos invitan a contemplar la grandeza eterna del cosmos. Así, en cada noche estrellada, podemos mirar hacia arriba y recordar que, antiguamente los dioses aún reinaban entre las estrellas.

Leonardo Linares
Redactor de Ciencia. Licenciado en Periodismo por la Universidad de Buenos Aires.

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