¿Por qué tiembla tanto en México? Las placas que lo explican

Universo Actual · 6 min de lectura
Vista de la Ciudad de México con montañas al fondo
Foto: U.S. Coast Guard photo by Petty Officer 3rd Class Cameron Sn / Wikimedia Commons (Public domain)

Tiembla tanto en México porque su territorio está en el punto de encuentro de cinco placas tectónicas, y dos de ellas, Cocos y Rivera, se hunden bajo la placa de Norteamérica. Ese choque continuo acumula tensión en las rocas, y cada sismo es una liberación de esa energía.

En este artículo

Las cinco placas que se encuentran bajo México

La capa externa de la Tierra está partida en grandes piezas, las placas tectónicas, que se desplazan lentamente sobre el manto. Según el Servicio Sismológico Nacional (SSN), en el territorio mexicano interactúan cinco:

Acantilados de la costa del Pacífico mexicano
La costa del Pacífico mexicano, frente a la zona donde las placas de Cocos y Rivera se hunden bajo Norteamérica. · Foto: Cliff / Wikimedia Commons (CC BY 2.0)
PlacaCómo se mueve respecto a sus vecinas
NorteaméricaLa placa sobre la que se asienta la mayor parte del país
CocosSe hunde (subduce) bajo Norteamérica y el Caribe
RiveraSe hunde bajo Norteamérica
PacíficoSe desliza lateralmente junto a Norteamérica
CaribeSe desliza lateralmente junto a Norteamérica

¿Y por qué se mueven? Por el calor del interior del planeta. En el manto, el material más caliente sube, se enfría y vuelve a hundirse, formando lo que se llama celdas de convección. Las placas viajan sobre esas corrientes, como, en palabras del propio SSN, «bloques de corcho en agua».

Cómo se produce un sismo, con un ejemplo cotidiano

El SSN lo explica en sus preguntas frecuentes: en los bordes donde dos placas se tocan, la fricción las mantiene atoradas mientras ellas siguen empujando. Las rocas acumulan esfuerzo hasta que superan su resistencia y se rompen de golpe. Esa liberación repentina de energía viaja en forma de ondas, y eso es lo que sentimos como temblor.

Una forma de imaginarlo es una regla de plástico que se dobla poco a poco con las manos: durante un rato no pasa nada visible, hasta que se rompe de repente y salta. En la costa del Pacífico mexicano, la placa de Cocos se mete bajo la de Norteamérica en un proceso que se llama subducción, y ese «doblar» no se detiene nunca. Por eso los sismos son parte de la vida del país.

Después de un sismo fuerte son normales las réplicas: temblores más pequeños mientras las rocas cercanas se reacomodan, que pueden ocurrir minutos, días o incluso años después.

¿Cuánto tiembla y dónde?

Mucho más de lo que se siente. En 2025 el SSN contabilizó 39.871 epicentros en México, según Por Esto, que recoge el mapa anual del organismo. El más fuerte del año fue de magnitud 6,2, el 12 de enero, a 47 kilómetros al suroeste de Coalcomán, en Michoacán. Por regiones, el golfo de California concentró el 25 % de los sismos, seguido de Oaxaca (19,2 %), Chiapas (18,9 %) y Guerrero (16,1 %).

¿Significa eso que cada año tiembla más? No. En 2024 se registraron 33.418, según la Gaceta UNAM, pero la diferencia no indica más actividad. El SSN aclara en un cartel divulgativo que cada año se instalan estaciones nuevas que detectan sismos pequeños que antes pasaban desapercibidos. Los sismos ocurren en las mismas cantidades de siempre; lo que ha mejorado es la capacidad de registrarlos.

¿Por qué la Ciudad de México se mueve tanto?

La capital no está sobre el borde de las placas, pero tiene un problema propio: su suelo. La ciudad se levanta sobre los sedimentos blandos de un antiguo lago, que amplifican las ondas sísmicas que llegan desde la roca dura y hacen que el suelo se mueva más tiempo y con más intensidad. El geofísico James Jackson, de la Universidad de Cambridge, lo comparó en 2017 con estar construida sobre gelatina encima de algo que se tambalea, según AP.

Vista panorámica de los edificios de la Ciudad de México
La Ciudad de México se asienta sobre los sedimentos blandos de un antiguo lago. · Foto: Nan Palmero from San Antonio, TX, USA / Wikimedia Commons (CC BY 2.0)

Por eso un sismo lejano puede sentirse con fuerza en la capital. El SSN explica que en suelos blandos como el de la Ciudad de México se amplifican las componentes horizontales de las ondas, y el movimiento se percibe como oscilatorio.

La ciudad también tiene sismos propios. Según el SSN, los que tienen epicentro en la capital se deben a fallas geológicas locales y hasta ahora han sido superficiales y de magnitud menor a 4: son los llamados microsismos.

Lo que no se puede saber: la predicción

Es la pregunta que más se repite después de cada temblor, y la respuesta del SSN es clara: hasta hoy no existe ninguna técnica que permita predecir los sismos, ni siquiera en países con tanta tecnología como Estados Unidos o Japón. No se puede saber cuándo, dónde ni de qué tamaño será el siguiente.

Lo que sí existe es la alerta temprana. El Sistema de Alerta Sísmica Mexicano, a cargo del CIRES, se activa cuando estaciones de la costa de Guerrero confirman un sismo grande, y el aviso llega al Valle de México y a Toluca unos 60 segundos antes que las ondas. Los especialistas recuerdan además zonas como la brecha de Guerrero, donde no ha habido un movimiento significativo en más de un siglo, como motivo para mantener la prevención, explica el investigador Carlos Valdés González, exdirector del SSN.

Preguntas frecuentes

¿Cuántas placas tectónicas hay en México?

En el territorio mexicano interactúan cinco: Norteamérica, Cocos, Rivera, Pacífico y Caribe. Cocos y Rivera se hunden bajo Norteamérica, y eso genera buena parte de los sismos.

¿Se pueden predecir los sismos?

No. Según el Servicio Sismológico Nacional, no existe ninguna técnica para predecirlos, ni siquiera en Estados Unidos o Japón. Lo que sí existe es la alerta sísmica, que avisa segundos antes de que lleguen las ondas.

¿Está temblando más que antes?

No. Se registran más sismos porque hay más estaciones que detectan los pequeños. El promedio de sismos grandes en el mundo se mantiene relativamente constante.

¿Por qué la Ciudad de México se mueve tanto?

Porque está construida sobre los sedimentos blandos de un antiguo lago, que amplifican las ondas sísmicas. Por eso sismos lejanos se sienten con fuerza en la capital.

Vivir en un país sísmico no significa vivir con miedo, sino con información y preparación: conocer la alerta sísmica, tener un plan familiar y saber que la mayoría de los temblores son pequeños y que nadie puede predecir los grandes. Desconfía de cualquier mensaje que anuncie la fecha del próximo sismo.

Fuentes consultadas (7)

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