Las 6 iglesias más increíbles sumergidas en México

La construcción de presas en México ha sumergido no solo pueblos, sino también vestigios históricos, dejando tras de sí paisajes subacuáticos impresionantes. Estas iglesias sumergidas en México, antaño centros de comunidad, resisten en las profundidades, recordándonos su pasado glorioso y

Hundidas por diversas razones a lo largo de los siglos, estas construcciones se han convertido en enigmas que despiertan la curiosidad de exploradores, historiadores y amantes de la arqueología. En este artículo, nos sumergiremos en las profundidades, explorando sus historias encapsuladas en las aguas serenas y descubriendo el legado cultural que yace oculto bajo las olas. Una mirada fascinante a la conexión única entre la fe, la arquitectura y el misterio en el corazón de México.

1. Iglesia de Nuevo Santo Tomás de los plátanos

Iglesia de Nuevo Santo Tomás de los plátanos, una de las iglesias sumergidas en México
Iglesia de Nuevo Santo Tomás de los plátanos | Créditos: Secretaría de Cultura y Turismo de MX

Ubicado en un valle ancestral, el casco de Santo Tomás y su iglesia presenciaron su evacuación para dar lugar a una presa hidroeléctrica. Renacido como Nuevo Santo Tomás de los Plátanos en un entorno montañoso, el pueblo se regocija entre huertos frutales y cafetales, preservando con gracia la esencia de su pasado sumergido. La mudanza a las alturas no solo ha dado nueva vida a la comunidad, sino que también ha creado un escenario pintoresco donde la naturaleza y la historia convergen, recordándonos la resilencia de las comunidades frente a los cambios impuestos por el progreso.

2. Ex Convento Dominico, en Oaxaca

Ex Convento Dominico, en Oaxaca
Ex Convento Dominico, en Oaxaca | Créditos: Jacciel Morales

El ex convento dominico del siglo XVI, situado en los valles del Istmo de Tehuantepec, revela su esplendor en épocas de sequía, asomándose con majestuosidad. No obstante, en las temporadas de lluvia, este histórico monumento se sumerge bajo las aguas de la Presa Benito Juárez, manifestando la dualidad entre la naturaleza y la historia.

Esta transición cíclica, donde el convento emerge y se sumerge, sirve como un recordatorio visual de la interconexión entre el pasado humano y los caprichos de la madre naturaleza, creando una experiencia única que fusiona el esplendor arquitectónico con la cambiante danza de las estaciones.

3. Iglesia de Quechula, en Chiapas

Iglesia hundida de Quechula, en Chiapas
Iglesia hundida de Quechula, en Chiapas | Créditos: Visit Chiapas

En las profundidades silenciosas del río Grijalva emerge un testamento silente de la historia: el Templo de Santiago en Quechula, construido en 1564. Su destino cambió en 1966 cuando las aguas de la Presa Nezahualcóyotl lo sumergieron en el segundo embalse más grande de México. Este monumento, con sus antiguas paredes y arcos, ahora descansa en las sombras acuáticas, desafiando al tiempo mientras revela su majestuosidad bajo la superficie.

Aunque las aguas ocultan sus detalles, la estructura emerge como un eco de un pasado vibrante y se erige como una conmemoración enigmática de un tiempo perdido. Es una de las iglesias sumergidas en México más emblemáticas e invita a la contemplación de aquellos que buscan descubrir las maravillas subacuáticas de la historia chiapaneca.

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4. La Iglesia del Señor de los Milagros, en Michoacán

La Iglesia del Señor de los Milagros, en Michoacán
La Iglesia del Señor de los Milagros, en Michoacán | Créditos: Alejandro Linares Garcia

En 1952, la erupción del volcán Paricutín en Michoacán cubrió la Iglesia del Señor de los Milagros con lava que se solidificó en piedra, dejando solo una de sus torres como testamento conmovedor de la furia natural. Este evento transformador encapsuló la iglesia en un paisaje surrealista, donde la lava fundida se convirtió en un monumento imponente, resaltando la fragilidad de las estructuras humanas frente al poder indomable de la naturaleza.

La única torre que emerge de este mar petrificado sirve como recordatorio eterno de la fuerza de la tierra y la capacidad de la naturaleza para reconfigurar nuestro entorno de maneras impactantes y a menudo inesperadas. Además, en esta zona te recomendamos ver esta lista de cosas que ver y hacer en La Ticla, la playa rústica más bonita de Mochiacán.

5. Iglesia hundida de Tequesquitengo

Iglesia hundida de Tequesquitengo
Iglesia de Tequesquitengo | Créditos: Unión Guanajuato

El Lago de Tequesquitengo, nacido de la intervención humana en 1650, guarda bajo sus aguas las ruinas de un pueblo que alguna vez se estableció en sus orillas. Durante las épocas de sequía, emerge el campanario de la antigua iglesia, un testimonio silente de un conflicto que marcó la historia en el siglo XIX, donde campesinos y hacendados se enfrentaron por la expansión del lago.

Este campanario, que asoma en momentos de escasez de agua, se convierte en un símbolo tangible de la compleja relación entre la actividad humana y la naturaleza, fusionando pasado y presente en un paisaje lleno de historia sumergida.

6. Iglesia de San Luis de las Peras, Estado de México

Iglesia de San Luis de las Peras, una de las iglesias sumergidas en México más llamativas
Iglesia de San Luis de las Peras, una de las iglesias sumergidas en México más llamativas | Créditos: Leisure and Lux

Testigo silencioso de un pasado otomí, San Luis de las Peras, en el Estado de México, fue inmolado en 1931 en aras de la construcción de la Presa Taxhimay. Sin embargo, este sacrificio no fue en vano, ya que las ruinas emergen como una fascinante atracción turística en la actual Villa del Carbón. Las aguas que envuelven sus vestigios otorgan un manto de misterio, invitando a los visitantes a explorar las orillas del embalse.

Los paseos en lancha ofrecen una perspectiva única de las estructuras sumergidas. Además, las acampadas a orillas del embalse permiten a los aventureros sumergirse en la belleza oculta que San Luis de las Peras aún guarda bajo las aguas.


Estas iglesias sumergidas nos transportan a un viaje por el tiempo, recordándonos que, a pesar de los cambios, la historia sigue viva bajo las aguas de las presas mexicanas. Un recordatorio de la importancia de preservar no solo nuestro presente, sino también las huellas de nuestro pasado.

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Leonardo Linares
Redactor de Ciencia. Licenciado en Periodismo por la Universidad de Buenos Aires.

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