El particular caso de la leche radioactiva en Mexico de 1986

A décadas de distancia, el incidente de la leche radioactiva proveniente de Irlanda sigue siendo un oscuro capítulo en la historia de México. En 1986, Antonio Gonzáles, embajador de México en Brasil, se enteró de un potencial desastre: Irlanda intentaba exportar toneladas de leche en polvo potencialmente contaminada con químicos relacionados con la radiación de la explosión del reactor nuclear de Chernobyl. A pesar de la alerta, México, histórico comprador de leche irlandesa, realizó la compra sin comprender completamente los riesgos involucrados.

La Compañía Nacional de Subsistencias Populares (CONASUPO), a través de su filial Liconsa, se convirtió en protagonista de este episodio al adquirir alrededor de 28,174 toneladas métricas de esta leche contaminada, sin conocer los niveles alarmantes de Cesio 137 que superan ampliamente los límites internacionales. Este desafortunado capítulo, marcado por la falta de transparencia y la negligencia en la toma de decisiones, sigue recordándonos la importancia de la seguridad alimentaria y la necesidad de aprender de los errores del pasado para proteger la salud pública en el futuro.

Chernobyl y su rastro atómico

La explosión en el reactor nuclear de Chernobyl, a más de 2,000 kilómetros de distancia, desencadenó una nube radiactiva que se dispersó por Europa, llegando incluso a Irlanda del Norte. La lluvia precipitada en Irlanda contaminó tierras, alimentos y animales. La radiación, en su viaje hacia México, se infiltró en la leche en polvo, pasando desapercibida para los responsables de su adquisición.

El enigma de CONASUPO, la compra a ciegas y la detección tardía

CONASUPO, a través de una de sus filiales, descubrió la contaminación en una muestra de leche con altos niveles de Cesio-137, un isótopo radiactivo. La Comisión Nacional de Seguridad Nuclear y Salvaguardias (CONASENUSA) emitió alertas, pero la falta de límites claros en México y la ausencia de información de la Comunidad Económica Europea complicaron la situación. La leche contaminada supera en gran medida los estándares europeos y alcanzaba los 2,700 becquereles, muy por encima del límite permitido.

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Soluciones ineficaces y riesgos asumidos

Ante la gravedad de la situación, CONASENUSA propuso la dilución de la leche contaminada como solución. Sin embargo, la logística para llevar a cabo este plan resultó ser una odisea. Los debates sobre los niveles de contaminación, los límites permisibles y la falta de infraestructura adecuada para la dilución complicaron aún más la respuesta.

Dieciocho meses después de recibir la leche potencialmente radiactiva, una organización ecologista, el Grupo de los Cien, reveló públicamente la compra de leche contaminada por parte de CONASUPO. Esto llevó a la orden oficial de devolución, por encima de los 370 becquereles permitidos, a Irlanda. La falta de transparencia del gobierno mexicano permitió que la verdad sobre la leche radioactiva permaneciera oculta durante tanto tiempo.

Leche en polvo contaminada

Cáncer infantil y verdades amedrentadas

La opacidad del gobierno alimentó diversas versiones sobre el impacto del incidente. Mientras la Secretaría de Salud niega afectaciones, algunos periodistas y estudios sostienen que hubo un aumento significativo de cáncer infantil en los años posteriores. La falta de modelos epidemiológicos y una investigación científica exhaustiva impiden conocer el verdadero impacto del caso CONASUPO en la salud de la población mexicana.


El caso de la leche radioactiva comprada por CONASUPO es una muestra de la falta de transparencia gubernamental y la consecuente desconfianza en la información oficial. A pesar de los riesgos evidentes y las consecuencias potenciales para la salud, ninguna persona fue procesada por el caso. La historia perdida en las sombras del pasado deja un amargo sabor, recordándonos la importancia de la transparencia y la responsabilidad en la toma de decisiones que afectan la seguridad y el bienestar de la población.

Leonardo Linares
Redactor de Ciencia. Licenciado en Periodismo por la Universidad de Buenos Aires.

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